Platón y el mito de la caverna (energética)

Platón y el mito de la caverna (energética). - AFEC

Pared

Hace más de 2.400 años, Platón imaginó una caverna habitada por hombres con el cuello y las piernas encadenados desde su nacimiento. No podían girar la cabeza, ni moverse de su sitio. Su mundo quedaba reducido a la pared de piedra que tenían enfrente. A sus espaldas, fuera de su campo visual, ardía un fuego. Entre el fuego y ellos, otros hombres transportaban figuras y objetos, que proyectaban sus sombras sobre la pared debido a la luz de las llamas.

Los hombres de la caverna tomaban las sombras por realidad. Aprendieron a reconocerlas, anticiparlas, clasificarlas y discutir sobre ellas. En la pared se concentraba todo su conocimiento del mundo.

Uno de ellos logró liberarse. Al principio solo alcanzó a ver el fuego que producía las sombras. Después distinguió los objetos que las provocaban. Más tarde salió al exterior, donde la luz le hirió los ojos, aunque se acostumbró a ella y comprendió que la pared no contenía el mundo, sino una proyección limitada de él. Cuando regresó para compartirlo, los demás, aún encadenados y cómodos con una lógica completa alrededor de la pared, se resistían a aceptar que su mundo fuera una proyección irreal.

Sombras

El CEEE –certificado de eficiencia energética de los edificios– ha vivido una versión regulatoria de esa caverna. La pared ha sido una métrica. La sombra, un factor de energía primaria para la electricidad que penalizaba la bomba de calor frente a las calderas de combustibles fósiles. Las cadenas eran metodológicas: obligaban a mirar siempre en la misma dirección, con factores desactualizados, una lectura parcial del consumo y escasa atención al servicio térmico útil que realmente recibe el edificio.

Un factor eléctrico de 2,5 frente a un factor de 1,10 para gas natural generaba una gran distorsión. Una bomba de calor con un SCOP habitual entre 3 y 4 puede entregar 10.000 kWh útiles térmicos consumiendo entre 2.500 y 3.333 kWh eléctricos. Una caldera de gas con un rendimiento del 90 % necesita alrededor de 11.111 kWh de combustible fósil para entregar el mismo servicio. La pared regulatoria podía presentar como letra energética más favorable la sombra de la opción que consumía más energía fósil importada para producir el mismo confort térmico.

Esta sombra tuvo continuidad porque se la revistió de metodología. Durante años el marco de la certificación energética asumió como agnosticismo tecnológico una comparación que favorecía al gas natural frente a la bomba de calor. La electricidad cargaba con factores desactualizados, ignorando el mix eléctrico español, que incorporaba cada vez más generación renovable, y la bomba de calor, que ya demostraba su capacidad para multiplicar la energía útil entregada al edificio.

Cadenas

El Real Decreto-ley 7/2026 y la propuesta de actualización de los factores de paso rompen la cadena metodológica y ofrecen una salida de la caverna. La revisión empieza a corregir una parte esencial de la distorsión. El factor de emisiones de la electricidad pasa de 0,357 a 0,025 kgCO₂e/kWh final. Con una bomba de calor de SCOP 3, el kWh térmico útil queda en torno a 8 gramos de CO₂ equivalente. Con SCOP 4, en torno a 6 gramos. Una caldera de gas emite alrededor de 220 gramos por kWh final; con un rendimiento del 90 %, el resultado se sitúa en torno a 244 gramos por kWh útil térmico. Hay diferencia, ¿verdad?

También cambia el factor de energía primaria no renovable de la electricidad, que pasa a 0,11 kWh/kWh (menos del 6 % del valor vigente). Ese valor refleja mejor la realidad de un sistema eléctrico español con presencia creciente de renovables. La bomba de calor queda situada en un marco más coherente con su rendimiento real, su contribución a la electrificación de la demanda térmica y su capacidad para entregar calor, frío y ACS con alta eficiencia.

La alegoría ayuda a entender la parte que todavía permanece en penumbra, la asimetría de esta propuesta de metodología, que sigue sin ser totalmente coherente. La electricidad se calcula con un enfoque nacional, actualizado y considerando las emisiones de la cadena energética completa, mientras que el gas natural conserva valores convencionales, y no se tienen en cuenta emisiones por extracción, tratamiento, transporte internacional, GNL, regasificación, almacenamiento, distribución y pérdidas, ni tampoco la dependencia exterior, que forman parte de la realidad energética del gas fósil. Si queremos transparencia y neutralidad tecnológica, debemos exigir una comparación rigurosa con el mismo perímetro metodológico, el mismo horizonte temporal, la misma trazabilidad y la misma unidad funcional.

Bajo esa simetría, el factor de energía primaria no renovable del gas natural debería situarse, en una primera aproximación, en una horquilla superior, del orden de 1,20 a 1,30 como mínimo. Mantener el valor convencional de 1,10 preserva una sombra relevante sobre la pared. Biometano e hidrógeno pueden tener aplicaciones específicas, pero su valoración en edificios exige origen acreditado, trazabilidad, adicionalidad, sostenibilidad, disponibilidad efectiva y uso eficiente.

Fuego

Lord Kelvin señaló que cuando puedes medir aquello de lo que hablas y expresarlo en números, empiezas a saber algo sobre ello. En la caverna regulatoria el fuego es la capacidad de medir, pero también de identificar qué unidad de medida debe utilizarse.

La comparación entre soluciones térmicas debe hacerse sobre el kWh térmico útil entregado, incorporando rendimiento estacional, energía primaria renovable y no renovable, emisiones de cadena energética completa, emisiones locales, trazabilidad y funcionamiento verificable.

Por otro lado, el proceso de combustión, independientemente del tipo de caldera que sea, añade otros factores, como la generación de NOx, nocivos para el ser humano, u otras emisiones locales según combustible y equipo. Una bomba de calor eléctrica elimina la combustión. En colegios, hospitales, hoteles y edificios públicos esto es de especial relevancia, porque además de ser la mejor tecnología para la descarbonización, protegen el clima y la calidad del aire que respiran las personas.

Realidad

Al salir de la caverna, la mirada empieza a ordenar causas, distancias y efectos en una nueva realidad indiscutible.

En los edificios esa mirada exige ir más allá de la etiqueta y garantizar una operativa rigurosa, sostenible y comprobable.

El rendimiento real viene dado por la lógica de funcionamiento, la integración de sistemas y la capacidad de control durante toda la vida útil del edificio. La cifra de la pared era una sombra incompleta. La salida a la realidad exige incorporar todas las magnitudes relevantes: kWh útil térmico entregado, rendimiento estacional, energía primaria renovable y no renovable, emisiones totales, calidad de aire interior, trazabilidad, disponibilidad efectiva, resiliencia ante extremos climáticos y soberanía energética.

Luz

La actualización de factores de paso es un avance imprescindible. Corrige en parte el castigo histórico a la electricidad y permite que la bomba de calor aparezca más cerca de su realidad. El siguiente paso exige neutralidad tecnológica y que la luz exterior ilumine toda la caverna. Para ello hay que aplicar simetría metodológica a todos los vectores energéticos, exigir trazabilidad a gases renovables e incorporar indicadores de funcionamiento real.

Platón explicaba que el regreso a la caverna resultaba difícil. Quien había visto la luz encontraba resistencia entre quienes interpretaban sombras. Esa resistencia aparece ahora también, cuando la metodología nueva obliga a revisar hábitos y decisiones de años, y a renunciar a beneficios que se derivaban de ellos.

La descarbonización energética necesita esa revisión: medir servicio térmico útil, reconocer rendimientos estacionales, visibilizar los sistemas de automatización y control, y comparar vectores energéticos con igual rigor técnico.

Desde AFEC hemos trabajado para romper las cadenas y para salir de la caverna. Ahora buscamos que se mida con igual rigor cada vector energético. El resto es agnosticismo de fachada.

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