
Tesla lleva años desplegando el ‘Full Self-Driving (Supervised)’ en Estados Unidos bajo el formato “beta”, con lanzamientos escalonados, cambios de nombre y un fuerte debate sobre si el sistema estaba suficientemente maduro para salir a la calle. Los vídeos de errores de conducción, desde frenazos fantasma hasta decisiones extrañas en intersecciones, han convivido con defensores que aseguran recorrer decenas de miles de kilómetros sin incidentes relevantes.
Europa, en cambio, ha optado por un enfoque mucho más conservador. Durante más de un año, Tesla ha realizado demostraciones a reguladores de 17 países y ha compartido documentación de seguridad específica como paso previo a cualquier aprobación. El plan actual pasa por un encaje regulatorio a través de la autoridad holandesa RDW, con un objetivo de luz verde a partir de febrero de 2026 que podría servir de puerta de entrada para el resto de la UE.
De lo alegal a lo controlado
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Ahora el contexto es distinto: las demostraciones se harán en un entorno mucho más acotado, con personal de Tesla y dejando claro que el conductor (o en este caso, el “pasajero al mando”) sigue siendo responsable y debe mantener la vigilancia. En paralelo, Tesla y la Dirección General de Tráfico trabajan en definir cómo encajar este tipo de pruebas en la futura regulación de la conducción automatizada en España.
Pese a su descalabro, esta sigue siendo la marca de coches más valiosa
La base de datos es la flota global de más de nueve millones de Tesla, que según la marca acumula ya más de 11.000 millones de kilómetros recorridos con FSD Supervised activado. Ese volumen de datos, equivalente a más de cien años de conducción humana, se utiliza para alimentar continuamente las redes neuronales y pulir el comportamiento del sistema con actualizaciones de software.
