
Dicen que rectificar es de sabios y quizá por eso Porsche ha decidido abrirse en canal y hacer algo que es poco habitual en una gran marca alemana: admitir en público que se equivocó de estrategia. El ex CEO Oliver Blume ha reconocido que convertir al Macan en un modelo exclusivamente eléctrico fue un error de cálculo y que la compañía se ha visto obligada a rectificar sobre la marcha. La decisión llega en un momento en el que el mercado de vehículos eléctricos de alta gama se está enfriando y varios fabricantes revisan sus planes de electrificación total, más aún tras el recule también de Bruselas en torno al 2035.
De la ilusión inicial a la realidad
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En 2024 Porsche entregó 82.795 unidades del Macan (sumando las versiones de combustión y las eléctricas), un 5% menos que el año anterior, cuando todavía solo se vendía el modelo de gasolina. El Macan EV logró incluso superar a su homólogo térmico en el cuarto trimestre, pero con un matiz importante: en buena parte de Europa ya no había alternativa de combustión por la retirada forzada del modelo antiguo. Más que un éxito incontestable del producto eléctrico, la demanda reflejaba una mezcla de inercia de marca, falta de opción y una introducción escalonada que limitó el verdadero potencial comercial del SUV cero emisiones.
la respuesta sea volver a pasar por ofrecer motores de combustión e híbridos dentro de su gama de SUV pero no bajo el nombre de Macan, sino como un coche inédito situado entre medias de este y del Cayenne, en lo que podría ser lo más parecido a un Audi Q5 (prueba), pero con una identidad propia aunque claramente reconocible como un Porsche y, claro está con motores de combustión.
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De ahí que la arquitectura de este futuro SUV, que la marca quiere tener en el mercado antes de que acabe 2028, sea la Premium Platform Combustion (PPC) del Grupo Volkswagen, la misma base que sustenta al nuevo Audi Q5. Esa elección técnica permitirá a Porsche reducir costes y acelerar el desarrollo, renunciando a una plataforma exclusivamente eléctrica en favor de una base flexible adaptada a motores de gasolina e híbridos. Blume lo describe como un producto “muy, muy típico Porsche”, lo que deja entrever que el diseño, la puesta a punto del chasis y el carácter dinámico serán los elementos diferenciadores frente a otros SUV del grupo.
Los 718 también cambian de planes
911, como el flat-six híbrido que prepara la variante GTS, para las versiones más prestacionales de los 718.
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Sea como fuere, este giro de los acontecimientos supone una de las correcciones de rumbo más llamativas en la historia reciente de Porsche, que en apenas unos años ha pasado de prometer una rápida electrificación total de sus modelos clave, a reivindicar la coexistencia de tecnologías. La marca no reniega del vehículo eléctrico, pero asume que el ritmo de adopción, la infraestructura de recarga y las expectativas de los clientes (especialmente en el escalón alto del mercado) no evolucionan al mismo tiempo.
