
A cierre del primer trimestre de 2026, el mercado español de vehículos electrificados sigue avanzando con paso firme. Las matriculaciones de híbridos enchufables (PHEV) mantienen su protagonismo dentro de la transición, consolidándose como la solución con enchufe más demanda. Sin embargo, junto a este crecimiento, persiste una preocupación recurrente: la degradación de las baterías.
Durante años, el temor a una pérdida rápida de capacidad ha condicionado la percepción de los vehículos eléctricos e híbridos enchufables. La duda sobre cuánto durará la batería y cómo afectará al valor del vehículo ha sido uno de los principales frenos para parte de los consumidores. Pero los datos empiezan a desmontar este mito tal y como ya te hemos dicho en otras ocasiones.
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Además, el estudio señala que los modelos de nueva generación presentan una mejora adicional, con entre dos y tres puntos porcentuales más de capacidad respecto a vehículos más antiguos. Este avance refleja la evolución tecnológica en química de baterías, sistemas de gestión y eficiencia térmica.
Otro aspecto relevante es la forma en la que se produce la degradación. Lejos de ser abrupta, sigue un patrón progresivo: tras una ligera caída inicial, la pérdida se estabiliza en torno al 1% cada 25.000 kilómetros. Este comportamiento permite anticipar el envejecimiento del sistema con bastante precisión, algo clave tanto para usuarios particulares como para operadores de flotas.
Un mercado de segunda mano en construcción
mercado de ocasión. En Europa, el vehículo usado representa el grueso de las transacciones: alrededor del 75%, según la ACEA. Por tanto, el éxito de la electrificación no depende únicamente de las ventas de vehículos nuevos. El reto pasa por consolidar un mercado de segunda mano sólido, transparente y fiable. En este contexto, la batería juega un papel central, ya que condiciona tanto el precio como la confianza del comprador.
El estudio del Arval Mobility Observatory apunta en esta dirección: el 45% de las flotas corporativas europeas ya incorpora vehículos usados, y un 85% adicional prevé hacerlo en el futuro. Esto refleja un cambio estructural en la forma de gestionar la movilidad empresarial, donde el renting de ocasión gana peso como herramienta para optimizar costes y reducir emisiones.
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La clave está en garantizar información clara y verificable. Por ello, Arval ha comenzado a ofrecer certificados independientes del estado de la batería en sus vehículos de ocasión, desarrollados junto a entidades especializadas como Moba y Aviloo. Estos documentos permiten conocer con precisión la capacidad restante de la batería y estimar la autonomía real en distintos escenarios de uso.
Además, la digitalización facilita el acceso a esta información. A través de códigos QR asociados a cada vehículo, los compradores pueden consultar el historial energético y las condiciones de la batería, un avance que contribuye a reducir la incertidumbre.
Regulación y transparencia: el siguiente paso
Euro 7 o la nueva legislación específica sobre baterías, introducirán estándares comunes para medir y comunicar el estado de salud. Este indicador pasará a denominarse SOCE (State of Certified Energy).
A partir de 2027, los vehículos nuevos incluirán esta información directamente en el salpicadero, y cada batería contará con un “pasaporte” que recogerá su historial completo. Este nivel de trazabilidad supondrá un cambio significativo en la percepción del mercado, facilitando comparaciones y aportando mayor seguridad jurídica.
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En la práctica, esto permitirá que el comprador de un vehículo eléctrico usado disponga de un nivel de información similar al de otros componentes tradicionales, como el kilometraje o el historial de mantenimiento. Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la confirmación de que los vehículos eléctricos mantienen un alto nivel de rendimiento tras su primer ciclo de uso, especialmente en modelos procedentes de renting.
La baja degradación observada implica que estos coches están en condiciones óptimas para iniciar una segunda vida útil sin comprometer autonomía ni prestaciones. Esto refuerza la idea de que el vehículo eléctrico no solo es una opción sostenible en su fase inicial, sino también a lo largo de todo su ciclo de vida.
