
Los vehículos eléctricos prometen ciudades más silenciosas, un gran avance para la salud pública en un continente donde el tráfico es el segundo mayor problema ambiental después de la contaminación del aire. Sin embargo, este sueño se ve amenazado por un nuevo debate en Bruselas: ¿deben los eléctricos emitir sonidos extras más allá de lo estrictamente necesario para la seguridad peatonal? La Comisión Europea quiere limitar cualquier ruido superfluo, mientras que asociaciones como la OICA (Asociación Mundial de Fabricantes de Automóviles) reclaman libertad para agregar “emoción y dinamismo” a través de sistemas como el ESES (Sistemas de Mejora del Sonido Exterior).
Este pulso no es casual. Desde 2019, la UE obliga a todos los coches eléctricos y enchufables a llevar un sistema AVAS (Sistemas Acústicos de Alerta de Vehículos) que genera un sonido artificial a bajas velocidades, hasta unos 20 km/h, para alertar a peatones, ciclistas e invidentes. Ese ruido, regulado entre 56 y 75 decibelios, ya imita el de un motor térmico suave y se apaga al acelerar, dejando que el rodar de los neumáticos tome el relevo. Pero ahora, el lobby automovilístico quiere ir más allá con ESES, dispositivos que dispararían sonidos potentes incluso a velocidades altas, no por seguridad, sino por puro gusto.
La posición de la industria automovilística
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Desde su perspectiva, el ESES sería opcional y controlado, sin alterar el ruido ambiental medio de las ciudades, ya que los eléctricos siguen siendo mucho más silenciosos en conjunto. Críticos como el portal Heise lo ven como un intento desesperado de clonar sensaciones arcaicas en una era donde el silencio define la modernidad. Aun así, marcas como BMW o Porsche ya juegan con sonidos sintéticos en cabina por lo que externalizarlo parece el siguiente paso para no perder mercado.
Qué impacto tendría
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Estudios en 749 ciudades europeas muestran que el 48% de adultos supera los 53 decibelios recomendados por la OMS en promedio diario, con picos en capitales como Madrid (43,8%) o Roma (60,5%). Los EVs reducen esto drásticamente a bajas velocidades, donde el motor eléctrico apenas susurra comparado con los térmicos, que superan los 6 dB extra. Permitir los ESES podría erosionar esta ventaja, justo cuando la UE empuja por movilidad sostenible y ciudades habitables.
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Las últimas negociaciones apuntan a un compromiso: los ESES estarán permitidos, pero estarán apagados por defecto al arrancar y solo se podrán activar manualmente. No habrá una decisión hasta febrero, pero el equilibrio parece frágil. Países como Alemania priorizan industria; otros, salud urbana. Mientras, la UNECE discute límites para ESES hasta 100 km/h.
