
“Gravar nuestros recursos naturales, es decir la electricidad generada con agua, sol y viento, lastra nuestra competitividad como país. La fiscalidad energética se ha convertido en una barrera para el crecimiento de España, y recordemos que, tras el tabaco y el alcohol, la electricidad es el producto que más carga fiscal soporta”, ha afirmado Patxi Calleja, director de regulación de Iberdrola España durante el V Congreso Nacional de la Sociedad Civil, organizado por la Fundación Independiente, bajo el título Mirando al futuro, España en la próxima década.
Precisamente ayer se daba a conocer un borrador de la Comisión Europea sobre recomendaciones a los países de reducción de impuestos y cargos dentro del Action Plan for Affordable Energy donde se insta a los Estados a fijar al mínimo el impuesto especial sobre la electricidad definido en la Directiva de Fiscalidad Energética situándolo en 0 €/MWh para hogares; 0,5 €/MWh para empresas; y 0 €/MWh para electrointensivos.
En cuanto al IVA, recomienda aplicar el tipo mínimo para los hogares. Además, solicita la eliminación de cargos no energéticos de las facturas, y llevar los cargos que financien políticas energéticas a presupuestos generales, así como reducir los impuestos nacionales sobre la generación de electricidad, y en particular los que inciden en el precio mayorista, un ejemplo de esto último en el caso de España es el Impuesto sobre el Valor e la Producción, que grava la generación con un 7% y que Portugal acaba de eliminar, y que lastra la competitividad de la energía autóctona. Cabe destacar, además, que España tiene uno de los IVAs más altos de la Unión Europea.
En España, el 35% del total de la factura eléctrica son costes ajenos, frente al 21% del gas, una comparativa que resulta paradójica sobre todo siendo un país donde no se cuenta con gas y si electricidad paga cuatro veces más de sobrecoste que el gas”, ha recordado Calleja y ha añadido que “tenemos la posibilidad de atraer industria porque tenemos más recursos renovables que el resto de Europa, pero corremos el riesgo de perder el tren”.
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El tren de las redes
Un tren que también tenemos el riesgo de perder si no invertimos en redes eléctricas. El pasado año solo se aceptó conectar a la red eléctrica una de cada diez empresas que lo pidieron.
Y las negaciones de conexión llevan duplicándose los últimos años. Si en 2022 se rechazaron 15 GW, en 2023 fueron 30 GW y en 2024 67 GW, pudiéndose conceder solo 6 GW. “Las redes eléctricas muestran una radiografía con todos los huesos rotos. Tenemos el 85% de los nudos saturados, una realidad que empeora en las zonas industriales. Es necesario atender a la industria”, ha mostrado Calleja.
Sin embargo, España destaca en Europa por ser uno de los países donde se invierte menos en redes eléctricas. En Francia y Alemania las empresas de redes invierten el equivalente a tres y cuatro veces lo que invierte España en relación a su resultado de explotación (Ebitda).
«España es el único país que conocemos que está poniendo trabas a la conexión de la demanda. Los problemas de infraestructuras no son problemas de países desarrollados, son problemas de países en desarrollo», ha denunciado el director de regulación de Iberdrola España.
