
Durante años, uno de los principales obstáculos para la expansión masiva del coche eléctrico fue su precio. Sin embargo, el mercado está cambiando a gran velocidad. La fuerte depreciación de muchos modelos eléctricos, el aumento de vehículos procedentes de renting y leasing y la llegada constante de nuevas generaciones con más autonomía están provocando una caída muy significativa en el precio de los eléctricos de segunda mano.
El resultado es que, por primera vez, numerosos modelos eléctricos usados empiezan a acercarse claramente al precio de coches nuevos equivalentes de combustión. Y eso está abriendo la puerta a un perfil de comprador que hasta ahora veía la movilidad eléctrica como algo demasiado caro o inaccesible.
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Según datos recogidos por Cox Automotive y difundidos por diferentes medios especializados, el precio medio de un coche eléctrico usado en Estados Unidos ronda actualmente los 34.653 dólares, apenas unos mil dólares más que un vehículo de gasolina equivalente, mientras que en España este coste es de unos 30.600 euros (a cierre del primer trimestre y según datos de GANVAM), unos 8.000 euros menos que uno nuevo. Sobre el papel, parece el escenario perfecto para democratizar definitivamente el coche eléctrico. Pero la realidad es algo más compleja.
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Además, el coche eléctrico sigue manteniendo algunas ventajas económicas evidentes. El coste energético continúa siendo inferior al de un vehículo de combustión (especialmente cuando se carga en casa) y el mantenimiento suele resultar más sencillo debido al menor número de piezas móviles. Sin embargo, ahí es precisamente donde aparece el gran matiz que empieza a preocupar a parte del sector.
Los costes ocultos empiezan a ganar protagonismo
CESVIMAP, además de análisis sectoriales europeos. En ellos se establece que un coche eléctrico cuesta entre un 10% y un 15% más que reparar un coche equivalente de combustión tras un golpe, lo que implica gastarse entre 2.600 y 3.300 euros frente a los 2.200 o 2.800 euros de uno de combustión al uso.
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La diferencia responde a varios factores. Los eléctricos incorporan arquitecturas electrónicas mucho más complejas, numerosos sensores y sistemas de calibración avanzada que incrementan el tiempo y el coste de reparación. Además, algunos fabricantes están apostando por estructuras con grandes piezas fundidas o plataformas muy integradas que dificultan las reparaciones parciales y obligan en ocasiones a sustituir componentes completos.
La batería sigue siendo la gran preocupación
durabilidad mucho mayor de la prevista hace unos años, el temor a una posible sustitución fuera de garantía continúa siendo uno de los grandes frenos psicológicos del mercado de ocasión eléctrico. La mayoría de fabricantes ofrecen garantías de entre ocho y diez años para las baterías de alta tensión, normalmente transferibles a segundos propietarios.
Aun así, los costes potenciales siguen siendo elevados. Sustituir un paquete de baterías puede oscilar entre los 7.000 y los 20.000 euros dependiendo del modelo y la capacidad. En modelos de gran tamaño o vehículos premium, las cifras pueden dispararse todavía más. Eso explica por qué muchos expertos recomiendan analizar cuidadosamente el estado de salud de la batería antes de comprar un eléctrico usado. Herramientas de diagnóstico específicas y revisiones especializadas empiezan a convertirse en elementos casi imprescindibles en este mercado.
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Según Insurify, asegurar un eléctrico puede costar de media más de 4.000 dólares anuales frente a unos 2.700 dólares en vehículos de combustión comparables, mientras que en España, los datos ofrecidos por infotaller hablan de entre 10% y un 13% más que uno de gasolina equivalente, pasando de unos 600 a 1.150 euros en los de combustión a unos 700 y 1.300 euros en los cero emisiones. Aunque esas cifras varían mucho según mercado, conductor y modelo, reflejan una tendencia que todavía preocupa a aseguradoras y talleres.
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