Chernobyl, 40 años después: “el bosque de hierro”, caballos salvajes y fotovoltaicas españolas

Sala de control del reactor 4 de Chernobyl - Brigitte Jean

La Zona de Exclusión de Chernobyl, lejos de ser un museo congelado en el tiempo, se ha convertido en un campo de batalla por su futuro. Mientras unos intentan sanar sus heridas y otros buscan exprimir sus recursos, la naturaleza avanza imparable y las tensiones bélicas pone en jaque las propias estructuras que protegen de la radiación.

La Agencia Estatal de Ucrania para la Gestión de la Zona de Exclusión (DAZV) es la autoridad gubernamental encargada hoy de administrar el territorio, supervisar la seguridad radiológica y coordinar el sistema de permisos de acceso. La agencia funciona bajo un régimen estrictamente militarizado y de alta seguridad. Desde la liberación del área en marzo de 2022, tras la breve pero dañina ocupación rusa, el territorio ha dejado de ser un destino turístico para convertirse en una zona de defensa estratégica y recuperación técnica.

Las pérdidas económicas causadas por esa ocupación se estiman en más de 100 millones de euros, solo en daños materiales y saqueos, según el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo (BERD).

Los ataques rusos contra Chernobyl ponen en peligro décadas de progreso para lograr que el lugar sea seguro y estable», declaró la presidenta del BERD, Odile Renaud-Basso. «No solo son temerarios, sino que podrían tener consecuencias catastróficas para las personas, tanto dentro como fuera de Ucrania.” Por su parte, el vicedirector de la DAZV, Maksym Shevchuck, describió así a los soldados rusos que ocuparon el territorio en una entrevista a la Associated Press: «La mayoría de los soldados tenían unos 20 años. Todas estas acciones demuestran que su mando y, en general, en Rusia, la vida humana vale cero».

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La prioridad de la agencia y de los destacamentos militares apostados allí es la detección de minas terrestres y explosivos dejados durante la invasión, así como el monitoreo constante de la frontera con Bielorrusia, que se encuentra a pocos kilómetros de la central.

Tras la ocupación, el territorio sigue siendo peligroso debido a la presencia de minas y municiones sin detonar. Actualmente, el acceso de civiles a la zona es extremadamente limitado. Los científicos aún pueden operar en el área, aunque con grandes restricciones, mientras que los únicos visitantes externos con un acceso más regular son los militares, periodistas y delegaciones diplomáticas oficiales acreditadas ante las Fuerzas Armadas de Ucrania y la DAZV.

Imágenes: DAVZ /></p><p>El movimiento dentro del área está limitado a rutas seguras verificadas por zapadores, ya que salir de los caminos pavimentados representa un riesgo de muerte no solo por la radiación, sino por la presencia de armamento sin detonar. Las visitas están sujetas al toque de queda nacional y a las alertas aéreas, operando bajo un protocolo de "zona de guerra" donde la seguridad física frente al conflicto actual prima incluso sobre los riesgos radiológicos históricos.</p>
<h3>Flujos de visitantes marcados por HBO, pandemia e invasión rusa</h3>
<p>El turismo en Chernobyl experimentó una evolución vertiginosa en los últimos años, marcada por el auge, la crisis y su abrupto final. Tras varios años de crecimiento, 2019 se convirtió en el año récord gracias al estreno de la serie de HBO, que atrajo a 124 mil turistas, según datos de Statista y la agencia Ukrinform, con un notable 80% de turistas extranjeros.</p>
<p>Este boom se vio truncado en 2020 por la pandemia de COVID-19, que redujo drásticamente la cifra cerca de los 32 mil visitantes según CNN.</p>
<p>Un año después, el flujo turístico mostró una significativa recuperación prácticamente doblando ese flujo, pero después llegaría la invasión rusa, y la zona de exclusión quedaba cerrada al turismo aproximadamente una semana antes de que comenzara la guerra en febrero de 2022.</p>
<p><img src=Chernobyl, el accidente que transformó para siempre la seguridad nuclear mundial

Hasta la ofensiva rusa de 2025, el NSC de Chernobyl era una joya de la ingeniería moderna. El ataque, que perforó seis metros de su doble revestimiento, dejó a la estructura, según la OIEA, sin “sus funciones vitales de seguridad”. Aunque el armazón resiste y las vigas sostienen el peso del desastre, la promesa de un siglo de blindaje se ha esfumado. Ya no es una fortaleza infranqueable, sino una estructura remendada que depende de que no vuelva a ser alcanzada por el fuego cruzado.

Hoy, Prípiat es una ciudad fantasma

Las ventanas están cubiertas de musgo, los edificios se derrumban y los árboles se abren paso a través del asfalto. Reina un silencio que solo rompen el viento y el canto de los pájaros. Este lugar se ha convertido en un símbolo de la fragilidad de los sueños humanos frente a la catástrofe.

 /></p><p><img src=Orizaola (CSIC): «Lo mejor que se ha hecho en Chernobyl es no hacer nada e irse”

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, calificó el incidente como «claramente un incidente muy grave» y declaró en un comunicado: «atacar una instalación nuclear es un no-go absoluto, nunca debería ocurrir». Tras la inspección inicial, sus equipos confirmaron que el impacto había abierto un agujero de seis metros en el revestimiento interior y exterior, aunque las vigas estructurales no sufrieron daños importantes. Sin embargo, la evaluación completa de seguridad que el OIEA realizó a petición de Ucrania en diciembre de 2025 emitió un diagnóstico mucho más severo: en su comunicado oficial, el organismo confirmó que el NSC ha «perdido sus funciones principales de seguridad, incluida su capacidad de confinamiento», comprometiendo su capacidad de contener la radiación a largo plazo.

Greenpeace /></p><p>No fue un accidente aislado. El fiscal general de Ucrania ha denunciado que, desde mediados de 2024, al menos 92 drones rusos han volado a menos de 5 kilómetros del NSC, y que misiles hipersónicos rusos pasan de forma habitual muy cerca de la central durante sus ataques.</p>
<h3>Renovables españolas en suelo Chernobyl</h3>
<p>Hace un año, se inauguró la primera planta de energía solar dentro de la propia Zona de Exclusión. Ubicada a solo unos metros del reactor número 4, fue posible gracias a una iniciativa del Gobierno de España, que financió su construcción mediante la compra de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero bajo el marco del Protocolo de Kioto. La planta, con una capacidad instalada de 762 kW, está formada por 2.244 módulos solares monocristalinos y ocupa una superficie de más de 3.000 metros cuadrados. Su coste total fue de unos 725.000 dólares.</p>
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La ministra Svitlana Hrynchuk declaró en la inauguración que este proyecto representa el símbolo de la transformación de «un territorio marcado por la tragedia en un centro de generación de energía limpia y desarrollo sostenible». La tierra que fue devastada en 1986 por uno de los mayores accidentes nucleares de la historia ahora acoge los paneles solares de una iniciativa renovable española de 2025.

Y en marzo de 2026, comenzó la construcción de una nueva planta de 2 MW de capacidad en el propio emplazamiento de la central. No es la primera planta solar en la zona. Otra instalación fotovoltaica más pequeña, llamada «Solar Chernobyl», de 1 MW de capacidad, ya estaba operativa en 2018 en el recinto industrial de la central. Así, la Zona de Exclusión, símbolo por excelencia del mayor accidente nuclear de la historia, empieza a convertirse también en un símbolo de un nuevo futuro energético.

En este territorio único la historia, la memoria y la naturaleza han quedado entrelazadas para siempre.

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