
Canadá, uno de los países más avanzados en su apuesta por la movilidad eléctrica, acaba de dar un volantazo en su estrategia. El primer ministro Mark Carney ha anunciado la eliminación total de las cuotas obligatorias de ventas de vehículos eléctricos, conocidas como Electric Vehicle Availability Standard (EVAS). Esta medida, heredada de la era Trudeau, exigía que el 20% de los coches ligeros vendidos en 2026 fueran de cero emisiones, subiendo al 60% para 2030 y al 100% en 2035.
El cambio responde a presiones económicas reales: las tarifas impuestas por Estados Unidos bajo Donald Trump han golpeado duro a la industria automovilística canadiense, haciendo inviables metas tan ambiciosas en el corto plazo. En lugar de cuotas rígidas, Carney propone un enfoque más flexible, centrado en resultados ambientales a largo plazo y apoyo directo al consumidor y los fabricantes.
De la ambición trudeausta a la pausa de Carney
infraestructura de carga insuficiente en un país tan vasto y ventas de VE estancadas en torno al 10%) lo complicó todo.
Relacionado:
Stellantis se electrocuta: se desploma en bolsa un 25% tras reconocer un agujero de 22.000 millones
Ya en septiembre de 2025, Carney (recién llegado al poder) pausó el objetivo del 20% para 2026 y lanzó una revisión de 60 días. Fuentes del sector advertían de «incertidumbre económica extrema» por las tarifas estadounidenses del 25% a componentes no norteamericanos, que violan el USMCA. Marcas como Stellantis y GM presionaban: invertir en elécticos sin demanda real o red de carga era un suicidio financiero. Esta decisión no es un retroceso total. Carney mantiene la visión de un sector «eléctrico en el futuro», pero pragmático. «No se trata de imponer, sino de incentivar», ha repetido su oficina.
Detalles del nuevo plan
híbrido enchufable nuevo dará derecho a 5.000 dólares de incentivo (3.000 euros), restaurando un subsidio que se había diluido.
Además propone estándares de emisiones reforzados para modelos 2027-2032, diseñados para lograr el 75% de ventas de vehículos eléctricos en 2035 y el 90% en 2040. Los fabricantes podrán mezclar tecnologías (híbridos, hidrógeno) para cumplir, sin cuotas fijas por modelo. También destinará 1.500 millones en carga rápida a través del Canada Infrastructure Bank, para expandir la red nacional y hacer que el público confíe más en los eléctricos para viajar y vivir en zonas rurales. Por último, apoyará la producción local con inversiones en baterías y minerales críticos, aprovechando las reservas canadienses de litio y cobalto. El objetivo es una cadena de suministro 100% doméstica, blindada contra tarifas externas.
Reacciones positivas y negativas
coches chinos baratos o hace falta más. Y es que Canadá importa cada vez más eléctricos de marcas como BYD, pero las tarifas proteccionistas las encarecen.
Relacionado:
Aranceles al coche chino: Bruselas frena sobre los híbridos y Canadá abre la puerta a los eléctricos
El plan de Carney es un equilibrio delicado: alivia a corto plazo, pero exige ejecución impecable en incentivos y estándares. Si la red de carga crece y los rebates impulsan ventas (como pasó con los iZEV previos), Canadá podría liderar una transición «made in North America».
